Nuestra Historia
Construimos el dispositivo que el mundo rechazaba.
Ace Sucker nació de una frustración privada: cada masajeador en el mercado parecía diseñado para otra persona. Ruidoso, áspero, plástico, performativo. Así que nos propusimos —junto a sexólogos, ginecólogos y 200 probadores— crear el que queríamos.
Un susurro, a propósito
El primer prototipo hacía demasiado ruido. El segundo se sentía mal contra la piel. El tercero tenía el sonido correcto —33 dB, más silencioso que una biblioteca— pero la forma equivocada. Reconstruimos el molde de silicona cuatro veces antes de enviar una sola unidad.
Sabemos qué está en juego cuando falla un dispositivo seguro para el cuerpo: no solo insatisfacción, sino una vergüenza silenciosa de la que la industria del bienestar ha sacado provecho durante un siglo. Queríamos que Ace Sucker fuera lo opuesto a eso.
Lo que hemos creado juntos
Unidades enviadas
Reseñas verificadas
Calificación promedio
Silencio susurrante
Silicona segura
Probadores, año uno
Diseñado con expertos. Probado con personas.
Cada producto de Ace Sucker se co-desarrolla con una junta científica de cinco personas: dos sexólogos, una ginecóloga certificada por la junta, una química de materiales y un diseñador industrial. Pagamos a nuestros probadores. Nunca usamos lenguaje estándar. Las reseñas en este sitio no están editadas.
Lo que no transigiremos
Materiales seguros para el cuerpo, sin excepciones
Silicona de grado médico vulcanizada con platino, libre de ftalatos, BPA y látex. Publicamos la divulgación completa de materiales en cada página de producto.
Silencio por diseño
Si puedes escucharlo a través de una puerta cerrada, no lo enviamos. Nuestros motores se sintonizaron en una cámara acústica, no se aproximaron en CAD.
Embalaje honesto
Discreto en el exterior, hermoso en el interior. Sin promesas brillantes. Sin lenguaje que no usaríamos en persona.
Una garantía real
Dos años. Sin letra pequeña. Si deja de funcionar, lo reemplazamos —sin diagnóstico, sin drama de etiqueta de envío.
El placer no es un lujo. Es un derecho básico, profundo en el cuerpo —y los productos que lo sirven deben cumplir estándares médicos. Esa es la historia completa.